Respondiendo a comentarios insensibles

Escrito por Jessica Ruidiaz | Parte de Material de lectura | Escrito en 14-09-2010

Duele tanto

  Respondiendo a comentarios insensibles…

Perrogrullada: comentario sin sentido, algo dicho sin haber sido pensado.

Si eres un padre que sufre la pérdida de un hijo, seguramente puedes hacer una lista de docenas de perogrulladas o clichés con las que has sido bombardeado desde la muerte de tu hijo.
Cuando estas cansado de permanecer callado y deseas educar a los bien intencionados consoladores, puedes considerar algunas de las siguientes sugerencias.

P = perogrullada (poco inteligente)
R = respuesta (inteligente)

P= «Fué voluntad de Dios»
R= «¿Cómo lo sabes? ¿Eres Dios?»
R= «¡Ah! ¿Dios me lo hizo a propósito?»
R= «Prefiero que Dios me diga lo que El quiera decirme. El lo hará, no tú.»

P= «Tu hijo (a) está en un mejor lugar con Jesús.»
R= «Como madre, te puedo decir que no hay mejor lugar que mis brazos.»
R= «Sigo extrañando tener a mi hijo conmigo.»
R= «Seguramente que sí, pero eso no me quita el dolor de padre.»
R= «Lo que dices realmente me lastima y prefiero que me dejes llegar a mis propias conclusiones sobre la vida después de la vida de mi hijo(a) cuando yo esté listo(a).»

P= «Mejor ahora que un més/seis meses/un año después.»
R= «Esto quiere decir que quieres más a tu hijo(a) mayor que a tu hijo(a) menor?» (para aquellos con más de un hijo.)
R= «Nunca hay un «mejor momento» para enterrar a un hijo.»
R= «Si Dios viniera y me dijera: Me voy a llevar a tu bebé, ¿prefieres que me lo lleve ahora ó dentro de un año? ¿Cuál crees que sería mi mejor respuesta?

P= «Probablemente es lo mejor. Seguro que había algo malo con él (ella)».
R= «Si él (ella) fuera menos que perfecto(a), lo amaría aún más.»

P= «Vas a ser una persona más fuerte por esto.»
R= «Prefiero ser débil y llana y tener a mi hijo conmigo, gracias.»

P= «Todo pasa por una razón.»
R= «¿Puedes decirme diez razones por las que un bebé deba morir?»
R= «Díselo a mi corazón roto.»
R= «La muerte de un hijo(a) antes que sus padres nunca es razonable.»

P= » Por lo menos tienes otros hijos sanos.»
R= «Los hijos no son intercambiables y siempre estaré agradecida por los hijos que tengo. Esto no quiere decir que no me duela haber perdido a mi bebé.»
R= «Mis hijos sanos no tienen nada que ver con mi dolor.»
R= «¿O sea que si te cortas el pulgar no lo vas a extrañar porque tienes otros cuatro dedos sanos?»

P= «Eres joven, ya tendrás otro bebé.»
R= «No quiero otro bebé. Quiero a ________________.»
R= «No creo que otro bebé pueda tomar el lugar de ________________. ¿Tú sí?»
R= » ESTE bebé es especial para mí. Nunca voy a tratar de reemplazarlo con otro.»

P= «¿Todavía sigues en lo mismo y sin reponerte? ¿Cuándo te vas a sobreponer? ¿Cuánto tiempo vas a seguir hablando de lo mismo?»
R= «Te repones cuando te corren de un trabajo o te rompes una pierna. Nunca te sobrepones a la muerte de un hijo.»
R= «Es chistoso como a todo un país se le permite llorar la muerte de Elvis Presley más de veinte años después de ocurrida, y sin embargo, todos me fuerzan a abandonar la memoria de mi bebé después de solo unos meses.»

P= «Entiendo cómo te sientes, mi perro murió la semana pasada.»
R= Solo aléjate de esa persona que no entiende NADA.

P= «El o ella no quisiera verte triste».
R= «Y a mí no me gustaría que estuviera muerto (a), así que supongo que los dos estamos sin suerte.»

P= «Dios tiene un plan para tí.»
R= » Es fácil decirlo cuando el plan de Dios no incluye a TU hijo.»

P= «Tienes que ser fuerte.»
R= «Quien lo dice?
R= «Soy fuerte. El sólo hecho de estar aquí lo demuestra.»

P= «Por lo menos no lo trajiste a casa.»
R= «Daría lo que fuera por haber pasado más tiempo juntos.»
R= «Estás bromeando, ¿verdad?».
R= «Estás sugiriendo que quiero menos a mi bebé porque no durmió en su cuarto?»

Escrito por Joanne Cacciatore (MISS Foundation), en memoria de Cheyenne (07/27/94), y traducido por Carla Hoffman, En memoria de César (04/06/97), Jo (09/03/97) y Carlota (12/02/98).

La pena y el duelo

Escrito por Jessica Ruidiaz | Parte de Material de lectura | Escrito en 14-09-2010

La pena es la emoción que sentimos al perder a una persona, cosa o evento importante en nuestras vidas.
El duelo es el proceso por el cual lidiamos con esos sentimientos y emociones después de la pérdida.
Antes de los 1960´s, las señales de la pena se consideraban patológicas. La mayoría de las personas esperan que la pena se haya completado o resuelto entre 48 hrs. y 2 semanas, de acuerdo a encuestas tomadas en la calle Esto indica la falta de comprensión del proceso de aflicción y la razón por la cual hay una falta de apoyo después del período inicial. Bowly, Parkes y Holmes hicieron un estudio de 10 años de 1,200 adultos afligidos para determinar respuestas normales. Encontraron que hay cuatro fases de aflicción.

LAS FASES DEL DUELO:
 
1. Impacto y aturdimiento: Esto pasa inicialmente y puede durar desde 48 horas hasta dos semanas. El aturdimiento es una defensa normal y sana. Durante este tiempo las emociones pueden ser incontrolables. A menudo es dificil «absorber» la información. Se puede perder el apetito. Puede sentirse completamente exhausto y sin embargo no poder dormir. Lo inverso también puede ocurrir, en que se duerme casi todo el tiempo. Los sentimientos pueden variar desde miedo y ansiedad hasta culpabilidad y depresión. A veces el afligido puede sentir que está enloqueciendo. Es sano expresar los sentimientos en esta etapa.
2. Búsqueda y Anhelo: Esta fase puede durar por varios meses. Durante este tiempo, los afligidos buscan lo que se ha perdido. Es durante este período cuando ocurre el comportamiento más raro. A menudo se siente culpabilidad e ira en esta fase, al buscar las respuestas. Prueban qué es real, se vuelven intranquilos e impacientes, y a lo mejor sienten una sensibilidad aumentada a los estímulos. Para los padres que sufren una muerte neonatal, ayuda mucho el ver, cargar y tocar al bebé al momento de la pérdida. Las fotos del bebé proporcionan consuelo y los ayudan a confirmar de forma perceptiva lo que perdieron. Es importante que los afligidos expresen sus sentimientos, incluyendo enojo contra Dios -si es que lo sienten- envidia y otras emociones fuertes. No necesitan sentirse avergonzados de sus sentimientos. La ira interna se convierte en culpabilidad y esto lleva a la depresión.
3. Desorientación y Desorganización: Esta es la etapa más larga del duelo. Durante el 4° al 6°més se vuelve más severa. La emoción que domina es la depresión. El apetito se apaga, hay falta de motivación, mal juicio y se siente insomnio. Una vez que sí se pueden dormir, puede ser dificil despertarlos. Se recomienda un exámen médico durante ete período para diagnosticar cualquier enfermedad en fases tempranas, porque la resistencia baja a la enfermedad en este tiempo. Los tranquilizantes y sedantes atrasan el proceso y enturbian el pensamiento. Al tratar de librarse de su desorientación el afligido busca las respuestas que siente que le corresponde, nuestro papel es buscar la respuesta junto con ellos, en lugar de darles una respuesta. Al 18° o 24° més empiezan a resolver algunas de estas preguntas. Nuestra tendencia es de tratar de responder a las preguntas que ni siquiera se están preguntando. Los clichés causan más desorientación. Un oido atento es nuestro mejor regalo para los afligidos. Los aniversarios son muy dificiles. La sociedad espera que los afligidos se repongan rápidamente y al poco rato ya no hay apoyo. Otros tienden a evitar el hablar de la persona que ha muerto, cuando es precisamente lo que más necesita el afligido. Durante la desorientación, el auto-imágen se deteriora y el afligido se aísla de los otros.
4. Reorganización: Esta fase no ocurre rápidamente. Empieza alrededor del 18°al 24° més. Aquí empiezan a organizar sus sospechas e intentan identificar qué se perdió. Hay un snetimiento de soltura, energíarestaurada, más socialización, mejor juicio y hábitos más estables de comer y dormir. Es en este tiempo que empiezan a disfrutar y a pasarla bien sin sentimientos de culpa. Habrá una crisis momentánea de revivir la pérdida, especialmente en los aniversarios y festividades. La readaptación a la pérdida no quiere decir que se olvida.

Gradualmente, la desorientación disminuye en duración e intensidad. La desorientación se facilita por medio del compañerismo con otros que ayudan a los afligidos a ordenar qué es lo que ha pasado y trabajar hacia la reorientación. Los grupos de apoyo mutuo pueden ser importantes, sin embargo, el mejor tiempo para dirigir a un afligido a un grupo de apoyo es en la fase de búsqueda y anhelo.

Es importante permitir una amplia gama de emociones. Cada persona responde de forma distinta en la aflicción y es importante que no establezcamos expectativas de los afligidos ni insinuar que necesitan pasar varias fases. Cada emoción tiene su función. La alegría está relacionada al impulso creador, la depresión proege los órganos mayores al forzarnos a hacer una pausa, la culpabilidad ocurre cuando estamos más allá de nuestra capacidad de lidiar y más allá del sentido de lo que está bien, mientras que la ira nos sirve para avisarle a otros que están inmiscuyéndose en la habilidad de sobrevivir en que están siendo violados por el sistema. Como se dijo anteriormente, los afligidos mentalmente saludables tienen una amplia gama de emociones y necesitan buscar maneras apropiadas para expresar esos sentimientos.
 
SEÑALES DE PENA NORMAL:

Suspiros, tensión en la garganta, opacidad de percepción, emociones volátiles (aquellos que no lloran necesitan más atención), sentimientos de culpabilidad, alejamiento (hacen muchas cosas para evitar contactos y distraerse), un cambio marcado en el comportamiento y/o asumir el comportamiento del muerto.
 
Selecciones de charlas de Glen Davidson, Ph.D.
National SHARE Office, Revisado Octubre, 1996.
Traducido por María Tapie en memoria de Max (12-18-97)

Para poder sobrellevar el dolor NECESITO

Escrito por Jessica Ruidiaz | Parte de Material de lectura | Escrito en 14-09-2010

Desearía

1. Desearía que no tuvieran temor de pronunciar el nombre de mi hijo. Mi hijo vivió y fue importante y necesito escuchar su nombre.
 
2. Si lloro o me emociono si hablamos de mi hijo, desearía que supieran que no es porque me han herido, de hecho es la muerte de mi hijo la que ha causado mis lágrimas. Me han permitido llorar y se los agradezco. La explosión del llanto y la emoción son sanos.

3. Tendré emociones altas y bajas, subidas y bajadas. Desearía que cuando tenga un gran día no pienses que mi dolor se ha acabado o que si tengo un mal día necesito de un tratamiento psiquiátrico.

4. Desearía que supieras que la muerte de un hijo es diferente de cualquier otra pérdida y debe ser vista desde otro punto de vista. Es la tragedia más grande y me gustaría que no la comparen con la muerte de un padre, esposo o mascota.

5. La pérdida de un hijo no es contagiosa así que desearía que no huyeran de mí.

6. Desearía que supieras que todas las reacciones «exageradas» de dolor que ves en mi son normales. Depresión, rabia, frustración, desesperanzas y la puesta en duda de valores y creencias son de esperar después de la muerte de un hijo, con el tiempo estas emociones se irán transformando.
 
7. Desearía que no esperen que mi dolor dure 6 meses. Los primeros años serán excesivamente traumáticos para nosotros.
 
8. Desearía que entendieran las reacciones físicas de mi dolor, puedo ganar o perder peso, dormir todo el día o no hacerlo, desarrollar algún tipo de enfermedad o me vuelva propensa a los accidentes producto de mi dolor.
 
9. La fecha de nacimiento de nuestro hijo, el aniversario de su muerte y las fiestas son fechas terribles para nosotros. Desearía que nos dijesen que tienen a nuestro hijo presente. Si nos ven quietos o retraídos, sepan que estamos pensando en nuestro hijo, no traten de forzarnos a estar alegres.
 
10. Es normal y bueno que la mayoría de nosotros reexaminemos nuestra fe, valores y creencias luego de perder un hijo. Nos haremos preguntas de cosas que nos han enseñado a lo largo de nuestras vidas y con fe y esperanza llegaremos a un nuevo entendimiento con nuestro Dios. Desearía que me permitieran cuestionar mi religión sin hacerme sentir culpable.
 
11. Desearía que no me ofrecieran tranquilizantes. Estos son remedios temporales y la única manera que tenemos de sobreponernos al dolor es experimentándolo. No podré sanar si no siento la herida.
 
12. Desearía que entendieran que el dolor cambia a las personas. No soy la misma persona que era antes de la muerte de mi hijo y nunca lo seré. Si esperas que sea la misma de antes te frustrarás. Soy una criatura nueva, con nuevos pensamientos, sueños, aspiraciones, valores y creencias. Por favor traten de conocer al nuevo yo, tal vez aún les agrade.
 
13. Espero y comprendan que el dolor de perder a un hijo no tiene nombre no existe una palabra que defina que somos, solo se que somos almas incompletas es como si una parte de ti la mutilaran, es vivir el día a día con el dolor que te desgarra cada parte de ti, nunca nuestras vidas será la misma siempre nos hará falta mi hijo.
 
Muchas gracias por estar conmigo en todo momento.

Noelia

Un nuevo embarazo después de la pérdida

Escrito por Jessica Ruidiaz | Parte de Material de lectura | Escrito en 14-09-2010

Cuando Están Listos Para Intentarlo de Nuevo
 
Después de la muerte de un bebé, algunos padres desean tener otro hijo lo antes posible. Otros no están seguros de querer volver a intentarlo. Y la mayoría se debate entre las dos posturas. Esta decisión difícil y personal sólo pueden tomarla usted y su pareja. Aquí le brindamos cierta información que puede servirles de guía para tomar una decisión.

¿Deberíamos volver a intentarlo?
Acaba de vivir una experiencia muy dolorosa. Tómese un tiempo para tomar la decisión más adecuada. Tenga en cuenta lo siguiente:
• Todos los embarazos son diferentes.
• Es posible que deba hacer frente a la recurrencia de un defecto genético, por lo que debe obtener toda la información posible de un profesional médico antes de tomar una decisión.
• Tanto esperar como encargar un nuevo bebé poco tiempo después de la muerte de su bebé tiene sus ventajas. Si decide esperar tendrá más tiempo para sobreponerse física y emocionalmente y quizá le ayude a sentirse menos preocupada durante el embarazo. Encargar un bebé poco tiempo después de la pérdida puede hacerle sentir que sigue adelante y ayudarle a superar los sentimientos de «fracaso».
• Si ha luchado contra la infertilidad o sufrido varias pérdidas, debe plantearse con toda franqueza la siguiente pregunta: «¿Puedo soportarlo una vez más?»

¿Cuándo deberíamos volver a intentarlo?
Puede ser aconsejable esperar algunos meses para tener tiempo suficiente para recuperarse física y emocionalmente. Pero el tiempo de la espera depende de cada uno. Incluso los médicos no se ponen de acuerdo, ya que existen muchos factores, físicos y emocionales, que influyen sobre la decisión. Otros factores que hay que tener en cuenta son la edad de la mujer, si la pareja está experimentando otros cambios en sus vidas, etc. Soliciten información a su médico, consulten libros y otras fuentes de referencia y tomen la decisión por su cuenta. Es normal descubrir que, aunque usted esté lista para volver a intentarlo, su pareja no lo está. También puede ocurrir al revés.

Factores emocionales
Es importante reconocer que quizá sienta al mismo tiempo ansiedad, enojo, obsesión y ambivalencia acerca de un nuevo embarazo, junto con sentimientos de esperanza sobre el futuro y de dolor y culpa por el bebé que murió. Incluso si desean fervientemente volver a intentarlo, la mayoría de los padres encuentra que el dolor se intensifica en los meses posteriores a la muerte del bebé y que es demasiado arriesgado considerar otro embarazo durante ese período.

Factores físicos
Estar lista físicamente para volver a intentarlo depende del tipo de pérdida que haya sufrido y de las características del parto (¿fue el feto expulsado naturalmente o debieron realizarle un legrado? ¿Tuvo un parto? ¿Necesitó una intervención quirúrgica de emergencia?).

Su médico le ayudará a determinar cuándo es físicamente seguro volver a intentarlo. Una vez que usted y su pareja hayan acordado volver a intentarlo, asegúrense de:
• Buscar un médico o partera comprensivos que estén dispuestos a brindarles los cuidados que necesitan. Es posible que deba consultar a un especialista en fertilidad o en maternidad.
• Hablar con su médico sobre el mejor momento para volver a intentarlo y considerar los factores físicos que pueden influir en el intento. Por ejemplo, es posible que sus pechos tengan leche y quizá pase algún tiempo antes de que deje de tener hemorragias. Su médico puede sugerirle esperar cierto número de períodos menstruales antes de intentarlo.
• Consultar a un especialista en genética, si es necesario.
• Seguir un estilo de vida sano evitando el alcohol, el tabaco y las drogas ilegales; tomar un complejo multivitamínico que contenga ácido fólico todos los días; llevar una dieta saludable que incluya alimentos ricos en ácido fólico, como cereales enriquecidos, verduras de hoja verde, legumbres y jugo de naranja.

Intentando quedar embarazada
Intentar quedar embarazada nuevamente puede ser un sube y baja emocional para usted. Por un lado, tiene esperanzas y se siente bien por hacer algo positivo. Por el otro, quizá se sienta obsesionada con quedar embarazada y ansiosa por el resultado. Es posible que también se sienta enojada por tener que pasar por lo mismo nuevamente. Incluso en las mejores condiciones, puede tener miedo del resultado de otro embarazo. Transmita abiertamente sus sentimientos y temores a su pareja y busque apoyo emocional si lo necesita.

Cuando quede embarazada
La mayoría de las mujeres queda embarazada dentro del año de haber perdido a su bebé. Recuerde que es normal sentir dolor por la muerte de su bebé, incluso durante un embarazo posterior. Cuando quede embarazada:
• Piense en positivo y recuerde que cada embarazo es diferente y que cada bebé es único y especial.
• Reciba los cuidados prenatales necesarios en cuanto quede embarazada.
• Tome medidas adecuadas para su salud. Continúe recibiendo los cuidados prenatales y tomando ácido fólico. Coma alimentos saludables, beba mucha agua y descanse mucho. Reduzca el estrés y evite el tabaco, las drogas ilegales y el alcohol.
• Ocúpese de su atención médica. Obtenga información sobre el embarazo, cuidados prenatales y otros temas que la ayudarán a reducir su ansiedad.
• Considere cómo se siente y si desea o no realizarse pruebas de diagnóstico prenatales. Estas pruebas son útiles para identificar situaciones que pueden vigilarse para evitar problemas después.
• Reconozca que este embarazo puede ser difícil mental y emocionalmente, además de exigirle mucho a su físico, y que el momento más difícil de superar será el momento en que sufrió la pérdida en su embarazo anterior.
• Consulte a sus médicos para estar tranquila y no deje de hacerles saber sus preocupaciones y temores.

Pérdida de un embarazo múltiple

Escrito por Jessica Ruidiaz | Parte de Material de lectura | Escrito en 14-09-2010

¿Y si perdió un embarazo múltiple?
 
Todos los padres que pierden a un bebé sienten una profunda pena. Pero si perdió uno, dos o un grupo de bebés, quizás tenga otros sentimientos. Embarazo múltiple significa tener más de un bebé; es decir, gemelos, trillizos o más.

Quizás tenga estos sentimientos:

• No tiene tiempo de pasar por el duelo – Si pierde a un bebé y tiene otro que sobrevivió, quizás sea difícil encontrar el momento de sentir el dolor. Aunque uno de sus bebés murió, ahora tiene que cuidar al otro. Eso no le deja mucho tiempo para llorar la muerte del que ya no está.

• Temor – Si el bebé sobreviviente está enfermo, es posible que tema que también morirá. Quizás no desee tenerlo en brazos, acercarse demasiado o tomarle mucho cariño. Puede resultarle difícil regresar a la unidad de cuidados intensivos neonatales (NICU) para atender al bebé si el otro murió en esa sala.

• Confusión – Aunque viva solo un bebé, sigue siendo la madre de varios bebés. Pero otros no la verán de esa forma. Su familia y amigos quizás no deseen hablar del bebé o bebés que murieron. Pueden pensar que recordar al bebé que no está la entristecerá.

• Felicidad y tristeza de traer al bebé a la casa – Quizás se sienta feliz de traer al bebé a casa del hospital. Y triste por el bebé o bebés que perdió.

• Preocupación por el futuro – Con frecuencia los gemelos y otros bebés de embarazos múltiples nacen demasiado pronto. Nacer demasiado pronto puede causar problemas de salud para los bebés. Si su bebé nació demasiado pronto, quizás le preocupe que tendrá algunos de esos problemas.

• Recordatorio constante del bebé que murió – Sus bebés vivos posiblemente le recuerden constantemente al bebé que murió. Se preguntará cómo hubiera sido si el bebé hubiera vivido. Quizás sea difícil celebrar los cumpleaños y fiestas porque estará pensando en el bebé que murió.

Signos y síntomas del duelo

Escrito por Jessica Ruidiaz | Parte de Material de lectura | Escrito en 14-09-2010

EFECTOS FISICOS
 
• Cansancio o fatiga
• Pérdida o aumento de apetito
• Insomnio
• Debilidad muscular
• Pérdida o aumento de peso
• Falta de aliento
• Palpitaciones
• Brazos adoloridos
• Boca seca
• Inquietud
• Visión borrosa
• Dolor de cabeza

EFECTOS EMOCIONALES Y PSICOLOGICOS
 
• Negación
• Culpa
• Coraje
• Resentimiento
• Amargura
• Depresión
• Confusión del tiempo
• Irritabilidad
• Tristeza
• Sentimiento de fracaso
• Concentración en los problemas
• Dificultad para aceptar la realidad
• Preocupación por el bebé muerto
• Cambios de humor
• Baja autoestima
• Pesadillas

EFECTOS SOCIALES

• Alejamiento de las actividades normales
• Alejamiento (físico y emocional) de la pareja, familia y amigos
 
Traducido con autorización, TRS Bereavement Services, Operation Angel.
Traducido por Isabel Ramos de Trujillo, en memoria de Diego, Oct. 2, 1996

Derechos de los padres cuando un bebé muere

Escrito por Jessica Ruidiaz | Parte de Material de lectura | Escrito en 14-09-2010

 

1. El tener la oportunidad de ver, cargar, y tocar a su bebé en cualquier momento antes y/o después de su muerte, dentro de lo razonable.

2. Que le tomen fotos a su bebé y estén disponibles para los padres o guardadas hasta que los padres las quieran ver.

3. Que se les den todos los recuerdos posibles, como por ejemplo, tarjeta de cuna, brazalete de bebé, ultrasonido y/u otras fotos, mechón de cabello, impresión de pie y de mano, documento de peso y de longitud.

4. El poder ponerle nombre a su bebé y poder establecer un enlace con él o ella.

5. El poder observar prácticas culturales y religiosas.

6. Que un personal comprensivo les brinde cuidado, respetando sus sentimientos, pensamientos, creencias y solicitudes individuales.

7. El poder estar juntos lo máximo posible durante la hospitalización.

8. Que se les dé tiempo a solas con su bebé, reconociendo necesidades individuales.

9. Que se les informe sobre el proceso de pena.

10. El poder pedir una autopsia. En el caso de aborto espontaneo, el poder pedir que se realice o no realice una autopsia o examen patológico según lo determinado por la ley aplicable.

11. Que se les presente información en terminología fácil de entender para los padres en cuanto al estado de su bebé, causa de muerte, incluyendo reporte de autopsia o patología y otros reportes médicos.

12. El poder planear un ritual de despedida, entierro o cremación en cumplimiento con los reglamentos locales y estatales y de acuerdo a sus creencias, religión o tradición cultural personal.

13. Que se les proporcione información sobre recursos de apoyo para ayudarles en el proceso de recuperación, por ejemplo grupos de apoyo, asesoramiento, material para leer, y revistas sobre la pérdida perinatal. 
 
Derecho de autor 1991 Adaptado de National Share Pregnancy and Infant Loss Support, Inc. con permiso de Women’s College Hospital Perinatal Bereavement Team, Toronto, Canada. Copias pueden ser impresas y distribuidas gratuitamente otorgando el crédito apropiado.
Traducido por Maria Tapie en memoria de Max (12/18/97)

Cuando muere un bebé

Escrito por Jessica Ruidiaz | Parte de Material de lectura | Escrito en 14-09-2010

Usted ha esperado a su bebé nueve meses, ha soñado con él, lo ha sentido patear e hipar, ha oido el palpitar de su corazón. Compró cuna, pidió el ajuar, preparó a sus amigas y a la familia y se preparó usted para una vida nueva con el recién nacido -y ahora resulta que vuelve a su casa con las manos vacías.
Tal vez no hay mayor dolor que el que se sufre con la muerte de un hijo. Y aún cuando nada puede aliviarlo, sí hay algunos pasos que se pueden dar para hacer más tolerable el futuro y reducir la inevitable depresión que sigue a semejante tragedia.

  • Vea a su hijito, álcelo, póngale nombre. Sufrir es un paso vital para recuperarse de la pérdida, pero no se puede uno doler por un niño sin nombre a quien nunca ha visto. Aún cuando haya nacido con una deformidad, los expertos afirman que es mejor verlo que no verlo porque lo que uno se imagina suele ser peor que la realidad. Alzarlo y ponerle nombre hará la muerte más real para usted, y al fin y al cabo, más fácil de sobrellevar. Lo mismo se puede decir de hacer arreglos para las exequias y el entierro, que además le dan otra oportunidad de decirle adiós. Y la tumba será un sitio permanente donde podrá ir a visitarlo en los años venideros.
  • Comente los detalles de la autopsia y otros con el médico para aceptar la realidad de lo ocurrido y ayudarse a sobrellevar su dolor. En la sala de partos le informaron de muchos detalles, pero las medicinas, su estado hormonal y el efecto del golpe que ha recibido probablemente le impidieron comprenderlos del todo.
  • Si es posible, pida que cuando le den la noticia no le den sedativos, los cuales, si bien alivian momentáneamente el dolor, tienden a borrar su recuerdo de lo que ocurrió. Esto le hace más difícil afrontar la pena y al mismo tiempo los priva a usted y su esposo de la oportunidad de ayudarse el uno al otro.
  • Guarde una foto (muchos hospitales las toman) u otros recuerdos, para que tenga objetos tangibles en que fijar su afecto cuando piense en el futuro en el hijo que perdió. Aún cuando esto parezca mórbido, los expertos dicen que ayuda. Recuerde los atributos positivos: ojos grandes y pestañas largas, lindas manos y dedos delicados, la cabecita cubierta de cabello.
  • Pida a sus parientes y amigas que no hagan desaparecer de su casa todos los preparativos que usted había hecho para recibir al bebé. Dígales que usted misma lo hará. Ellos seguramente proceden con buenas intenciones, pero volver a su casa y encontrarla como si nunca se hubiera esperado un hijo sólo servirá para aumentar su sentido de irrealidad.
  • Llore todo lo que quiera o crea que necesita. Llorar es parte del proceso de la pena. Si no llora ahora, algo quedará pendiente y acaso tenga que atender a ello más adelante.
  • Prepárese para un período difícil. Durante un tiempo se sentirá deprimida; probablemente le costará trabajo dormir, reñirá con su marido, descuidará a sus otros hijos. Probablemente querría volver a ser niña para que la quisieran, la acariciaran y la cuidaran. Todo esto es normal.
  • Reconozca que los padres también sufren, aunque su pena pueda ser o parecer menos intensa, debido en parte a que, a diferencia de las madres, no llevaron a la criatura en su seno. Y a menudo tienen una manera distinta de hacer frente a su dolor. Por ejemplo, algunos lo reprimen y tienen fortaleza para ayudar a su mujer. Pero el sufrimiento se manifiesta en otras formas: mal humor, irresponsabilidad; o acaso busquen un alivio en la bebida. Infortunadamente, un padre adolorido no es mucha ayuda para la esposa, ni ella para él, y es posible que ambos tengan que buscar ayuda en otra parte.
  • No se enfrente sola con el mundo. Si vacila en volver a salir por el temor de que la gente le pregunte: «¿Pero qué te pasó?», hágase acompañar por una amiga que pueda contestar las preguntas de las impertinentes las primeras veces que vuelva al supermercado, el parque, el banco, etc. Cuide de que a sus colegas en el trabajo, o en la Iglesia o sinagoga o cualquier otra organización de la cual usted haga parte se les informe antes de su regreso, de modo que no tenga que estar dando explicaciones difíciles.
  • Tenga en cuenta que su dolor disminuirá con el tiempo, pero prepárese para la eventualidad de que jamás desaparezca del todo. El proceso de la pena, con pesadillas y recuerdos amargos, muchas veces puede durar hasta dos años; pero lo peor pasa por lo general a los seis meses de la pérdida. Si transcurridos seis o nueve meses la pena sigue siendo el centro de su universo, si pierde el interés en todo lo demás y parece que no puede funcionar, busque ayuda. Búsquela también desde el principio si no ha sentido ningún dolor.
  • Busque apoyo. Es posible que ingresando en un grupo de ayuda mutua, de padres que han perdido hijos, obtenga la fortaleza que necesita, como la han obtenido otros. Pero cuide de que tal grupo no sea una manera de sostener su rabia o su dolor. Si después de un año (o menos si es el caso) todavía no se puede resignar a la pérdida que ha sufrido, es bueno que busque terapia individual.
  • Vuelva los ojos a la religión, si esto la consuela. Algunos padres afligidos por la desgracia se sienten demasiado resentidos para hacer esto, pero para muchos la fe en Dios es gran consuelo.
  • No espere que tener otro hijo la va a resarcir de su pena. Si su marido y usted quieren tenerlo, muy bien; pero esperen el tiempo que su médico les recomiende. No traten de concebir con el propósito de sentirse mejor, aliviar los remordimientos o la rabia, o lograr paz para su espíritu. Eso no funciona y podría constituir una carga injusta para el nuevo hijo. Cualquier decisión que tomen acerca de su futura fecundidad (o tener otro hijo o hacerse esterilizar) debe aplazarse hasta que pase lo más profundo de la pena.
  • Reconozca que el remordimiento complica la pena y hace más difícil resignarse a la pérdida. Si usted no estaba muy convencida de que quería tener un hijo (como les pasa a muchas mujeres), si su mamá no era afectuosa y usted teme no serlo tampoco y que por eso fue por lo que perdió al niño, si se sentía insegura acerca de su feminidad (temiendo que no podría dar vida a un hijo) y ahora sus dudas se han confirmado, o si siente que no ha sido capaz de dar de sí lo que su familia y amigos esperaban de usted, busque asistencia profesional que le haga comprender que tales sentimientos de responsabilidad por la pérdida no tienen ningún fundamento. Si siente remordimiento por el solo hecho de pensar en regresar a una vida normal, porque le parece que eso sería una deslealtad para con el niño muerto, quizá le ayude pedirle espiritualmente al bebé perdón o permiso para volver a gozar la vida.

Tratando de comprender la pena: Un niño ha muerto

Escrito por Jessica Ruidiaz | Parte de Material de lectura | Escrito en 14-09-2010

La pena no se comprende en nuestra sociedad y se espera que los afligidos se recuperen rápidamente. Tómala con calma durante las altas y bajas. La experiencia es diferente para cada persona, sin embargo a veces hay muchas cosas en común. No trates de establecer expectativas de tu compañero(a) y otros.
Las lágrimas son saludables y aceptables al procesar el dolor que sigue la muerte de tu hijo(a), hermano(a) o nieto(a). La pena afecta los hábitos de comida y de dormir, los niveles de energía y habilidad de concentración. Es muy importante guardar una dieta balanceada, tomar líquidos y hacer ejercicio y descansar durante esta época de pena. Es importante consultar a tú médico para un examen físico si tienes síntomas físicos.
El alcohol y los sedantes pueden afectar el pensamiento y retrasar el proceso de pena. Usa medicamentos de prescripción escasamente y sólo bajo supervisión médica.
Puede ser que los amigos y familia te eviten y traten de no hablar de la muerte de tu hijo(a). Hazles saber que necesitas hablar del bebé y que te ayuda hablar. Comparte con ellos como puedas. Busca amigos que te escuchen y/o otros que hayan tenido una experiencia similar para ayudarte durante estos momentos.
Es mejor posponer decisiones grandes por lo menos un año – cambiar de trabajo o casa, otro embarazo, etc. Guarda la ropa del bebé y otras cosas hasta que estés listo(a) para decidir qué quieres hacer. Se necesita tiempo para tomar una buena decisión.
Los pensamientos sobre el suicidio pueden ocurrir y son normales. El significado de la vida volverá con el tiempo. El dolor disminuye. Habla de tus sentimientos con alguien de confianza.
Expresa tus sentimientos y pensamientos. Pueden parecer ilógicos para algunos, así que compártelos con alguien que te ayudará a explorar y perdonarte a ti mismo(a) al pasar el tiempo.
La rabia es una reacción normal que quizás te parezca poco aceptable y difícil de entender para otros. Busca una manera saludable y segura para expresar tu rabia (por ejemplo, pégale a una almohada) Tu rabia puede estar dirigida hacia Dios. Puedes sentir que tu fe ha disminuido al cuestionar tus creencias del pasado. Dile a Dios cómo te sientes y habla con aquellos que te ayuden a explorar. Tu fe puede ayudarte durante este tiempo, sin embargo el expresar dudas y sentimientos te ayudan a procesar los que estás sintiendo.
Incluye a tus otros hijos en tu pena. No le escondas tus lágrimas, sino sé abierto(a) y honesto(a) sobre tus propios sentimientos. Ellos también están afligidos y necesitan una vía para expresar sus sentimientos. Necesitan ser incluidos y sentir tu amor. Puede ser bueno pedirle a un miembro familiar que ayude a proporcionar lo que no eres capaz de proporcionar en estos momentos.
Las fiestas y aniversarios son recordatorios de tus brazos vacíos. Planea de antemano para evitar tensión de más. No esperes que otros se acuerdan ni sean sensibles de cómo te sientes. Baja tus expectativas sobre ti mismo(a). Tomate tiempo para tus necesidades.
Los grupos de apoyo te ponen en contacto con otros que han tenido experiencias similares, al compartir, sentimientos profundos salen y pueden ser procesados en un ambiente de comprensión y aceptación. Sabes que no estás solo(a). Hay otros que comprenden y se interesan. 
 
Adaptado por Sor Jane Marie Lamb, SHARE, National Office, Octubre, 1996
Traducido por Maria Tapie en memoria de Max (12/18/97)

La pareja y el duelo por la pérdida de un hijo

Escrito por Jessica Ruidiaz | Parte de Material de lectura | Escrito en 08-08-2010

ALGUNOS MODOS DE AYUDAR DENTRO DE UN MATRIMONIO QUE SUFRE.

Howard Cupp es un hombre que vive en Norman, Oklahoma, U.S.A., y que se ha relacionado con el grupo americano que tiene un programa nacional de ayuda para padres que han perdido hijos (Los Amigos Compasivos). Howard les ha hecho llegar, a un boletín que este grupo publica, máximas que pueden servir de guía para entender y transitar el duelo dentro del matrimonio. Estas máximas han sido comentadas por nosotros, según la experiencia recogida en la participación en grupos de autoayuda, y las acercamos para la reflexión y como documento de trabajo.
Daniel y Gabriela Vítolo

¿ Como puedo ayudar en mi matrimonio ?

1) Asigna principal prioridad a la relación de tu matrimonio

Es natural que el dolor, en un primer momento, y en el curso de su desarrollo. Vaya anestesiando tus sentimientos, o te lleve a un aislamiento sobre la base de considerar, o sentir, que en el sufrimiento estás solo. Y ello no es inadecuado, toda vez que, en estricta realidad, cada dolor es único y se percibe sólo en la mayor intimidad.
Sin embargo, no debes olvidar que formas parte de una familia, y que esa familia tiene su célula en tu matrimonio. Lo más grande que tienes en común con tu cónyuge, es el amor que los une, y luego de ello, tus hijos: el que ha muerto (que es fruto de ese amor) y los que quedan vivos, si tienes más.
Pero aún si no tienes hijos, al menos no te olvides lo que representaba ese hijo que ha muerto desde la óptica del fruto del amor común de la pareja. Por ello, la base de sustentación de tu recuperación también tiene, como especial referencia, tu matrimonio. Trata de priorizar esta relación para poder compartir, y fortalecer el trabajo de recuperación. Si has perdido a tu hijo, todavía te queda como primera riqueza entre tantas otras –tu matrimonio: que fue el origen y la causa del nacimiento de tu hijo, el cual representa el símbolo del amor. Y, como símbolo, encierra una realidad: ese amor. Trata de conservarlo, de protegerlo. Inténtalo con todas tus fuerzas.
Y para ello otorga una especial importancia a la relación de tu matrimonio.
No crezcas en el desinterés; por el contrario, imponte priorizar esta relación.
Varios son los motivos que mueven a tomar una decisión de esta naturaleza.
Si no tienes más hijos, porque tu matrimonio es algo fundamental que te queda como realización personal en el amor. Si tienes más hijos, porque, además de la razón ya mencionada, a ellos los favorece que tu matrimonio crezca en el amor hacia ellos, como reflejo del amor mutuo.

2) Cultiva la transparencia, la apertura de espíritu y la honestidad en los sentimientos y en su expresión.

Tenemos -frente a nuestro dolor- en la relación matrimonial, una natural tendencia a ocultar nuestros sentimientos por varias razones. Muchas veces por pudor; otras por creer que si lo hacemos podemos dañar o agravar el estado emocional de nuestro cónyuge; y otras-finalmente- por una cuestión de mera reserva, privacidad o intimidad. Sin embargo, es sumamente útil no ocultar a nuestro cónyuge nuestros sentimientos. Los buenos y los malos. Tanto la paz y la serenidad, como la rabia y el llanto, la melancolía y la tristeza; como el recuerdo emocionado y la alegría de saber que tu hijo está bien, o está feliz, si es lo que verdaderamente sientes.
Es importante que cada uno de los cónyuges conozca lo que siente el otro, y lo que le está pasando al otro. De otro modo jamás podrá comprenderlo, ni “compartir”. Y esto es la esencia de tu matrimonio: “compartir la vida”. No te muestres como no eres, ni intentes aparentar que no te pasa lo que te pasa. ¿Piensas por ventura que el otro no podrá entenderte?.Por el contrario: juntos comprenderán. Si el dolor es común no quites a tu matrimonio este espacio común de la convivencia y del “compartir”. Estarías restando un ámbito que es parte fundamental de tu vida a la decisión que alguna vez tomaste de “compartir” una vida con otro.

3) Acepta el dolor que tu sientes y encuéntrate predispuesto a valorizar y
escuchar la expresión de tu cónyuge, relativa al dolor que está sintiendo.

Suele suceder que sientes que tu dolor no puedes superarlo; y que ello te inhibe de cualquier otro sentimiento, o de toda otra perspectiva de vida. Sin embargo la rebelión contra tu dolor en nada te ayudará. El dolor está; y como es un dolor del alma, para él no hay remedio que pueda comprarse en una farmacia. Cuanto antes te decidas a aceptar tu dolor, ese dolor se podrá ir.
Si – por el contrario – te rebelas a sentir ese dolor, éste te presentará una lucha cruel por imponerse a la voluntad de no sentirlo; se agrandará y permanecerá contigo más tiempo del que normalmente debería permanecer.
Simplemente lo tienes: sientes dolor. Deja que esto ocurra, siente ese dolor. El dolor se irá solo: cuando advierta que tu lo has aceptado: y que con tu aceptación ha sido vencido pues ya no tiene voluntad alguna que doblegar.
La actitud de aceptación de tu dolor también te ayudará a valorizar y escuchar la expresión del dolor de tu cónyuge; e imaginar sus sentimientos similares, aunque muchas veces manifestados de otro modo, también se presentan en él.
Valorízalos: no te muestres extraño a esos sentimientos, aunque no sean los mismos que tu sientes. La muerte de tu hijo es una prueba que ambos deben pasar, y tienes que entender que la mejor manera de pasarla es conociendo, valorizando y respetando el mutuo dolor.

4) Se paciente con tu cónyuge y contigo mismo. Advierte que tu cónyuge,
probablemente, no se encuentre en la misma etapa del proceso del dolor en
que tu te encuentras, y admite que ello es normal

El problema de los “tiempos” es algo que nos angustia por nuestra propia naturaleza. Hemos querido siempre dominar el tiempo, encerrarlo con agujas y números. Fijar “nuestros”tiempos de nuestras obras, proyectos; más aún, gobernar el “tiempo” de los demás.
La muerte de nuestro hijo nos ha demostrado que el “tiempo” no es nuestro. Y que nada podemos hacer con ese “ tiempo”, que a su vez es relativo en función de lo que sentimos y de lo que deseamos. Por ello resulta fundamental desarrollar la paciencia. No esperar que pase en nuestro “tiempo” lo que debe pasar. Lo que debe pasar será en “ su”
debido “tiempo”. Al “tiempo” de un plan y de una obra que nos excede y que no viene de nosotros; aunque  “está” en nosotros.
Y la pregunta que todos nos hacemos respecto de cuanto habrá de durar este proceso de dolor; cuan-to tiempo más; tiene una sola respuesta: durará todo lo que debe durar: ni menos ni más. Y en este “ tiempo” sin horas, sin minutos y sin segundos, sino sólo “tiempo”, a lo largo del proceso de dolor, es común que los cónyuges no transiten paralelamente las etapas. Es más; lo frecuente es que-como una suerte de compensación-cuando uno de ellos esté más golpeado, el otro se sienta en mejores condiciones, y viceversa. También en lo que hace a la duración del proceso, los tiempos suelen ser diferentes.
Por ello es de especial importancia advertir y comprender que el otro cónyuge puede encontrarse en una etapa de dolor distinta de la en que tu estás. Y que debes respetar y apoyar esa diferencia.
De allí que parte del respeto es no juzgar ni interferir en sus sentimientos, ni en el desenvolvimiento de sus etapas, sino respetarlas. Si tu estás bien, y él no, no le recrimines que siga llorando, sobre la base de sostener que ha pasado el “tiempo” de llorar. Igualmente si tu estás mal y el otro está bien, no le recrimines su sonrisa sosteniendo que aún es tiempo de “llorar”. No lo juzgues si desea mantener el luto, o si ha resuelto levantarlo. Respeta, acepta, comprende y apoya cada una de sus manifestaciones y decisiones; aunque no las compartas.

5)No esperes que tu cónyuge sea para ti el único camino para restablecerte
de tu dolor

Si bien es tu cónyuge lo más cercano que tienes en ese “compartir” del dolor de la muerte de tu hijo, es importante que entiendas que no es él, el único camino de salvación para restablecerte de tu dolor. Es una parte necesaria del camino y un elemento fundamental; pero no el único.
En primer lugar nada podrá hacer tu cónyuge por ti , si tu no lo dejas hacer. Si lo rechazas, si te aíslas de él, si le ocultas tus sentimientos; si le diriges sólo reproches, culpas o temores
En segundo lugar, tampoco podrá hacer nada por ti, tu cónyuge, si no existe dentro de ti una íntima y firme decisión de superar tu dolor, de restablecerte. No pienses que tu cónyuge pueda “ rescatarte” de tu angustia, de tu desazón,
de tu tristeza. Sólo podrá dentro de sus posibilidades, pues tu cónyuge también está pasando por el proceso de dolor, ayudarte, acompañarte y compartir el tránsito por este proceso de dolor.
Pero así como el dolor es, a la vez, personal e intransferible, no puede ser “arrancado” desde fuera de ti mismo, sino desde tu interior; y en ello tienes un protagonismo.
De allí que la reflexión te sugiera que no esperes que sea tu cónyuge quien te sane; y. consecuentemente, no culpes a tu cónyuge ni dirijas sentimientos negativos a él si no sanas en el tiempo que esperas sanar.

6) Dedícate y sé comunicativo. Otorga especial atención a los afectos que
cada uno siente por el otro. Aprende y practica manifestaciones de amor.
Recuérdate estar en contacto en forma física; la importancia de las caricias
y del contacto humano son fundamentales para la recuperación , y como vía de
demostrar amor y valoración

No es bueno que el rechazo físico, o el desinterés por tu cónyuge sean elementos que acompañen tu proceso de tránsito por el dolor. Por el contrario, cultivar el afecto y el amor mutuo, suelen ser bálsamos que disminuyen el impacto que el dolor produce.
La sensación de soledad, o de sufrimiento íntimo pueden arrastrarte hacia una cúpula de aislamiento que en nada te beneficia sino que te perjudica, pues te quita nutrientes para tu vida espiritual y afectiva. Es importante que practiques manifestaciones de amor; que intentes- al menos – practicarlos; y en ello el contacto físico ayuda.
Habrás oído hablar de que los abrazos tienen propiedades terapéuticas; como así también las caricias y los besos. Cuántas veces una mano en el hombro, un roce, o una caricia dan más alivio que mil palabras. El sentido de la vibración; la transmisión directa del sentimiento.
Es muy probable que en un primer tiempo te resistas a reanudar tu contacto sexual con tu cónyuge. Sentimientos de culpa frente a la posibilidad del mutuo placer; desinterés; o la aterradora idea sólo de que ello pueda darse, se te presentarán frecuentemente. Del mismo modo, las primeras experiencias en este sentido te harán sentir confuso y hasta pueden ser traumáticas. No te asustes; es normal que esto ocurra. Sin embargo debes imponerte igualmente llevar adelante esa experiencia. Será más difícil, segura-mente, para la mujer que para el varón; ya que por su propia naturaleza la mujer requiere de un proceso más lento en esta relación, ya que su actitud frente al sexo es menos epidérmica; o al menos de reacción no tan inmediata como en el caso del varón.
Por otra parte, este contacto será un elemento importante para poder evaluar y advertir de un modo más directo, cómo está tu cónyuge y cómo transita su proceso de dolor. No te escapes de tu cónyuge, no lo esquives. Búscalo y
encuéntralo; y en el encuentro fúndanse en la experiencia y el dolor común, que tiene su origen en el fruto del amor común que es tu hijo muerto.

7 )Admite o crea un espacio en tu relación. Todos tienen derecho a tener un
grado de privacidad con sus sentimientos, incluyendo el dolor

Puedes pensar que las reflexiones anteriores tienden a “socializar” o “comunicar” tu dolor privándote de intimidad, o de tu propio camino de recuperación Nada de eso. Los pensamientos que hemos esbozado tienden a la búsqueda de
algunos modos de ayudar dentro del matrimonio. Pero ello de manera ninguna inhibe que conserves un ámbito propio, un rincón íntimo, o momentos sólo tuyos para la relación con tu hijo muerto.
Como bien se señala en la máxima que comentamos, tu tienes derecho a tener un grado de privacidad con tus sentimientos, incluyendo el dolor. Por eso admite que tanto tú como tu cónyuge, puedan tener un espacio propio.
Pero también apuntamos a otro sentido de la privacidad: la relación matrimonial. Esta relación también, en algún aspecto, debe tender a preservarse a sí misma y como “relación matrimonial” propiamente dicha. No la esquives.
Es común advertir que a la muerte de un hijo prosigue una crisis matrimonial, muchas veces profunda. No la subestimes; dedícale tiempo y atención. No te abandones, pues llegarás a perder más de lo que ya has perdido: que es mucho.
Tu matrimonio puede coexistir con la intimidad de tu dolor. No hay incompatibilidad alguna en este aspecto.

UN MENSAJE PARA TI QUE DESEAS RECUPERARTE, Y QUE DESEAS HACERLO EN TU PROPIO
MATRIMONIO

* Permítete junto a tu cónyuge disfrutar cada uno del otro, y disfrutar la
vida cada vez que puedas. Encuéntrate predispuesto a que rían juntos, del
mismo modo en que pueden llorar juntos. Busca y encuentra algunas cosas
agradables y placenteras para hacer juntos.

* Ayúdense el uno al otro a recordar que la vida es más que el hijo que ha
muerto. Así como es de importante ese hijo para ti, y así como es intenso el
dolor que tu sientes respecto de su muerte, debes comprender que tu matrimonio y tu relación conyugal involucran mucho más que ese hijo.