El dolor de la pérdida de un nieto.

Escrito por Jessica Ruidiaz | Parte de Espacio Psicológico | Escrito en 07-10-2010

El dolor de la pérdida de un nieto.

Cuando nos enfrentamos a la pérdida de un nieto,  el dolor se multiplica. Ver sufrir a un hijo no es sencillo, y sucede, a su vez, que ese dolor, es propio también. El abuelo perdió un nieto, y su hijo, perdió a su propio hijo. Ellos sienten que deben ser sostén y contener como antaño lo hacían, el dolor de su hijo, pero la realidad nos indica que ellos también están en proceso de duelo, el cual muchas veces relegan para otro momento para poder acompañar de mejor manera a su propio hijo.
El desplazar el momento de la elaboración de duelo, puede acarrear trastornos tanto físicos (como hipertensión, hiperglucemia, colesterol, etc, que son propias de la edad pero que pueden verse exacerbadas por la tensión a la que se encuentran sometidos) como emocionales (stress, pesadillas, fobias, depresión, TOC, etc.)
Aparecen cuestiones de replanteo del por qué ellos, siendo ancianos, conservan su vida, y el nieto, que comenzaba a transitar este camino, se fue, y la culpa suele ser una muy mala compañera en estos momentos. Trabajar estos temas con amigos o profesionales suele ser lo mejor, y no trasladar estas inquietudes a la pareja parental del niño fallecido, ya que sólo sería agregar más dolor, ya que nadie debe intercambiar la vida con nadie, cada uno de nosotros somos valiosos sin importar la edad, estas ideas aparecen producto del sentimiento de culpa que invade en los primeros momentos del trabajo de duelo y no son productivas en absoluto. Quizás los abuelos ya hayan atravesado recientemente una situación de duelo de algún amigo o allegado, o un familiar cercano, digamos que a esa edad, se comienza a ver morir a los pares o personas mayores que uno ,.pero les resulta inconcebible la muerte de un nieto, que supone que lo trascenderá a él mismo y a sus hijos. Es decir que por más veces que hayan tenido que elaborar duelos, no será lo mismo en este caso. Tal vez les sirva saber cuál es el camino, pero seguramente lo recorrerán de una nueva forma
Acompañar al hijo es la mejor manera de ayudar. Compañía silenciosa, que aguarda el pedido del otro, de escucha, de acción o simplemente de silencio. Invitar al hijo a la charla abierta, al diálogo franco, dejar que el hijo los vea llorar, que sepa que sufren su pérdida con él no los hace menos fuertes, al contrario, los coloca en un nivel de empatía apto para la recepción de los sufrimientos del hijo. Si la familia tiene algún tipo de creencia religiosa, organizar una ceremonia en  memoria del niño es una buena opción, la familia nuclear posiblemente este en shock aún y sean tareas que desean hacer, pero que no pueden planificar. Si nuestro hijo tiene más hijos, ofrecer la posibilidad de llevarlos de paseo, o quizás una noche a dormir a lo de los abuelos, para darle a la pareja un espacio de intimidad donde puedan dialogar sobre los sucesos acontecidos. Es posible que ellos se nieguen porque desean estar todos juntos, para apaciguar el dolor, respetémoslo.
Recordemos que dejar de hablar del niño fallecido no ayuda en este proceso. Al contrario, lo dilata, lo niega, lo esconde. Hablar con nuestro hijo hará que este camino sea más sencillo. Acompañar, sin juzgar. Vendrá el tiempo donde el recuerdo se acompañe con una sonrisa, y allí sabremos que ayudamos en algo a nuestro hijo a elaborar su duelo.

Escrito por  la Lic. Giselle Velez para la Fundación Era en Abril

Sugerencias para explicar el duelo en los niños.

Escrito por Jessica Ruidiaz | Parte de Espacio Psicológico | Escrito en 10-08-2010

Sugerencias para explicar el duelo en los niños

¥       Si la muerte de la persona allegada es vivida de forma natural desde el comienzo del suceso hasta el momento de explicárselo al niño, su sorpresa será menor, porque es alguien que si bien puede no haber conocido, o haber compartido muy poco tiempo con el/ella, su imagen, su historia, su nombre, le serán familiares.

¥       Jamas negar la existencia del ser que partio, la mentira nunca es buena consejera

¥       Responder a todas sus preguntas de manera clara, en un lenguaje accesible a la edad del pequeño, pero con respeto y seriedad, de manera concisa, seamos breves y remitamonos solo a responder aquello que nos es preguntado

¥       No ahondemos en detalles escabrosos o morbosos o imágenes fuertes que pueden herir la susceptibilidad del niño

¥       Brindémosle al niño la posibilidad de acercarse a la persona fallecida, ofreciéndole llevarlo de visita al cementerio o lugar donde se encuentre el cuerpo del ser querido, es bueno sugerirles que les realicen algún tipo de dibujo o carta para dejar en ese lugar, como una especie de regalo, en lugar de las clásicas flores. Algo hecho por sus propias manos siempre tendrá mayor significancia y no se marchitara con el tiempo

¥       Mantener la calma en todo momento, saber de antemano que las preguntas pueden ser crueles y dolorosas, nos ayudara a prever las respuestas que ofreceremos

¥       No prolongar la conversación queriendo explicar mas detalles. Debemos darle tiempo al niño de procesar mentalmente la información que le estamos ofreciendo

¥       Quizás la reacción del pequeño frente a esto no sea la que nosotros esperamos. No hay una buena o mala reacción. Cada nene tiene su propio aparato psíquico que le dará la posibilidad de entender lo que queremos explicar,  a su única y propia forma y tiempo.

¥       Si se nos presentan dudas sobre el comportamiento del niño, su forma de procesamiento del duelo o la manera de acompañarlo siempre es positivo consultar con un profesional de la salud.

 

Escrito por la Lic. Giselle Velez para la Fundación Era en Abril

Hombres: Volver al trabajo después de la muerte de un hijo.

Escrito por Jessica Ruidiaz | Parte de Espacio Psicológico | Escrito en 10-08-2010

Hombres: Volver al trabajo después de la muerte de un hijo

   Cuando digo volver al trabajo, en verdad lo que quiero dejar asentado en este pequeño artículo es la dificultad enorme a la que se enfrentan los hombres de nuestra sociedad en retomar casi de manera inmediata la vida social y la manutención económica del hogar. Las empresas (o la mayor parte de ellas) otorga una licencia por nacimiento al padre de la criatura de dos días post-parto. En el caso del fallecimiento de un hijo, las consideraciones de cada empresa varían, aunque legalmente el plazo es aun menor (¡!!). ¿Y si ese hijo no nació? ¿Es decir, murió en el vientre materno? Nada, simplemente no hay licencia aplicable en este caso.

   Por lo tanto y como vemos, la reinserción masculina al mundo laboral es casi o bien inmediata.  Las mujeres quedamos solas en casa iniciando este penoso camino del duelo, y nuestros hombres salen a buscar el pan. Y su dolor queda relegado, al menos por esas seis, ocho o más horas que le insumen las obligaciones laborales. No olvidado, relegado, reubicado mentalmente solo un paso mas atrás en la conciencia para permitirle cumplir con sus tareas. Esto, en el mejor de los casos. Si este paso no puede ser dado, el stress normal que produce la actividad laboral se acrecienta a niveles patológicos y el hombre simplemente no logra cumplir con las exigencias que sus superiores le piden. Es decir que a su problema inicial (el duelo de un hijo) se debe sumar la compañía y la contención que debe brindar a su familia como jefe de hogar, más las obligaciones monetarias a las que debe responder, más tolerar y tratar de controlar por al menos unas horas (las laborales) el dolor que esa muerte provoca en su alma, más tratar de responder de la manera mas satisfactoria posible a sus jefes… viéndolo de este modo se percibe la enorme carga tensional que el hombre tolera.

   Y si no lo tolera, comienzan las enfermedades. Físicas o mentales. Pero esta tensión debe lograr su descarga y debe ser de la manera mas saludable posible, por eso si comenzamos a percibir que los síntomas son molestos en nuestro diario quehacer, nos impiden disfrutar de las pequeñas alegrías que suceden en nuestro entorno o percibimos que tenemos mas malestares físicos que los que habitualmente nos aquejan, es momento de consultar con un especialista.

   Pensemos que este desdoblamiento de la personalidad que los hombres deben realizar no es sin un costo, a corto o largo plazo, las consecuencias de este desgaste mental se harán sentir y es mejor que nos tomen prevenidos y sostenidos por un profesional acorde para poder seguir respondiendo a las necesidades de nuestras familias y de índole laboral.

Escrito por la Lic. Giselle Velez para la Fundación Era en Abril.

“El duelo desde el punto de vista del hombre” Lic. Giselle Velez

Escrito por Jessica Ruidiaz | Parte de Espacio Psicológico | Escrito en 10-08-2010

El duelo desde el punto de vista del hombre

Lic. Giselle Velez para www.eraenabril.org

    Básicamente los pasos del duelo y la manera en que se suscitan los diferentes periodos de la evolución cronológica de este proceso, son similares. Sin embargo, dentro de una pareja duelante, el hombre, por cultura, soporta de otro modo los embistes de esta larga lucha. No esta bien visto (aunque no se pueda localizar fehacientemente quien es el que nos jusga) que el hombre derrame lagrimas o se quede tirado en la cama viviendo su duelo. La vuelta a las tareas de todos los días siempre es mas corta que la que se permite a las mujeres. El hombre no se anima a buscar ayuda en grupos de contención, en profesionales de la salud, en tal caso concurre por sugerencia y a modo de compañía para su esposo, aunque finalmente reconozca que ese espacio les hace bien a ambos.

   Ser padre de una pareja duelante, es sostener y contener a la mujer que tenemos al lado y tratar en algún espacio generalmente oculto, de llorar nuestra pena. ¿Por que ocultar nuestro dolor? ¿Para que nuestra compañera no vea la sangre que también derrama nuestra herida?  ¿Para que sienta que somos un puerto firme y seguro donde ella y su dolor pueden tirar ancla? He comprobado que a las mujeres- pareja de estos superhombres, no les da esa imagen el esposo. Se extrañan y preguntan si ellos no sufren. ¿Como se acercan a estos maridos que parece que ya superaron todo? Mostrar nuestra pena es emparentarme con el otro, mostrarle que a mi también me duele su dolor, comprenderla como nadie la puede comprender porque su dolor es exactamente el mismo que el mío. La sociedad platea exigencias temporales absurdas de vuelta al trabajo demasiado pronto y rendimiento igual al que teníamos antes de la muerte de nuestro hijo, y por supuesto nos es casi imposible cumplir. Aprovechemos el espacio distendido que nos ofrece el hogar, el nido contenido que es nuestro matrimonio, nuestra intimidad mas honda que sucede dentro de la pareja, y si esta pareja esta atravesando un duelo tan fuerte como es el duelo del hijo, vívanlo, siéntanlo, llorenlo, gritenlo, no se guarden nada…quien mejor que la mama de su hijo los podrá entender?

   Dejar de exigirse a uno mismo algo tan difícil como no sufrir la perdida de un hijo es la clave para reconectarnos con nuestro sentimiento y nuestras esposas.

 (Este texto es propiedad de su autora y de Era en Abril. Queda prohibida su reproducción total o parcial excepto citando autora y fuente que publica: www.eraenabril.org Grupo de ayuda mutua para padres que han perdido a sus bebés en el embarazo, parto o después de nacer)

“El duelo en los niños” Lic. Giselle Velez

Escrito por Jessica Ruidiaz | Parte de Espacio Psicológico | Escrito en 10-08-2010

 El duelo en los niños

Lic. Giselle Velez para www.eraenabril.org

   La internalizacion del concepto de la muerte como la concebimos los adultos se produce en los niños alrededor de los 8 o 9 años, variando en cada personita. Haya sido vivenciada de cerca o no, antes no puede ser siquiera pensada con el concepto de finitud que esta acarrea, ya que la noción temporo espacial se encuentra inmadura en niños de menor edad.

   Es en este periodo donde se resignifican las muertes que hayan ido ocurriendo alrededor del niño, produciendo un monto de angustia importante que es necesario y saludable drenar. Cuando digo drenar un sentimiento tan complejo como la angustia, lo mejor seria que lo pudieran colocar en palabras, llorar al ser que partió, y finalmente recordarlo con una sonrisa. Toda esta teorizacion del duelo, generalmente es muchísimo mas larga de lo que se tarda en leerla, y no siempre ocurre de este modo. Dentro de estos parámetros pueden ocurrir síntomas no esperados, señal de un claro duelo patológico, paradas en el camino que en verdad obstaculizan el normal desarrollo de este proceso. La familia que acompaña al niño, debe estar muy atenta a estas pequeñas señales que se empiezan a delinear en el comportamiento y rápidamente solicitar ayuda si fuera necesario, o si la situación escapa a su manejo.

    Es necesario recordar que la familia también se encuentra en duelo, por lo tanto, y para sostener al pequeño en su propio dolor, ellos deberán ser fuertes y tener respuestas (desde la religión o desde donde cada familia lo explique) tranquilizadoras y contenedoras para brindar al niño cuando este las requiera.

    Cuando la muerte sucedió anteriormente a la edad de 8/9 años del niño, esta se reactualiza frente a la nueva mirada que el menor brinda a esa vieja situación. Es decir, para ejemplificar, si un niño pierde a alguien a la edad de 4 años, aunque se lo hayamos explicado y aparentemente el tema quedo claro para el en ese momento, es muy probable que en el momento que la muerte se comprende en toda su magnitud por ese mismo nene, la vieja situación cause temor, angustia y hasta otros problemas mas importantes. Entonces, a menudo se presentan en el consultorio casos de niños duelando una muerte acaecida 4 o 5 años antes del momento de la manifestación de la angustia y la percepción de los padres como síntoma que amerita la consulta con un profesional. Normalmente los síntomas que aparecen son:

  • –          Insomnio
  • –          Terrores nocturnos
  • –          Fobias a dormir, a la oscuridad
  • –          Miedo a las películas de miedo, a los ladrones, al noticiero (y al mismo tiempo una curiosidad imposible 
  •             con dominar por ellos que los incita a “espiarlos”)
  • –          Miedo a la muerte
  • –          Enuresis o encopresis ( en casos mas graves)

    Los niños espían situaciones que culminan en la muerte para tratar de comprenderla, de mirar se aprende dicen, y eso se aplica en estos casos también

    Un párrafo aparte merece el duelo que los niños realizan frente a la muerte de un par (hermano, primo, amigo o cualquier persona de edad similar a ellos o menor). La resignificación sucede igual a igual edad, pero este tipo de duelos, crece con ellos, cambia y no se cierra a lo largo de la vida. Cada vez, el hermano o niño ausente, faltara en diferentes situaciones, en la infancia, en la adolescencia, en la adultez, la visión de la muerte del pequeño será distinta y dejara montos de angustia de manera permanente que, si el niño es psíquicamente saludable y sus defensas psicológicas funcionan de manera adecuada y con la contención suficiente, se resolverán de manera favorable, siempre.

 (Este texto es propiedad de su autora y de Era en Abril. Queda prohibida su reproducción total o parcial excepto citando autora y fuente que publica: www.eraenabril.org Grupo de ayuda mutua para padres que han perdido a sus bebés en el embarazo, parto o después de nacer)

“Los hombres y el dolor” Lic. Giselle Velez

Escrito por Jessica Ruidiaz | Parte de Espacio Psicológico | Escrito en 08-08-2010

Los hombres y el dolor

Lic. Giselle Velez para www.eraenabril.org

Los varones de nuestra sociedad no están criados para aceptar el dolor como parte natural de la vida. Hablamos de dolor tanto físico como emocional, no se lo permiten transitar tanto por el mandato social como por el mandato paterno en el que fueron criados la mayoría de ellos. Si embargo, el dolor les ocurre igual, aunque ellos no quieran hacerlo propio. Tienden a despersonalizarlo, a hacer como si nada sucediera, este es un mecanismo psíquico que se observa muchísimo en el sexo masculino, así como también la negación. Estos mecanismos operan en el ser humano a nivel inconsciente, no basta con decir “hacete cargo de tu dolor”, las palabras no suelen ser efectivas porque hablamos al yo conciente de ese señor. En terapia, se logra atravesar esta primera capa de conciencia y se puede “dialogar” con estos sentimientos que subyacen  a la mirada de cualquier persona que no este acostumbrada a oír el hablar inconciente. Porque el inconciente no nos habla con palabras, nos habla con angustias, con sueños, con chistes, con olvidos y tantas cosas más que para comprenderlo,  hay que saber descifrar ese lenguaje tan sublime de esta parte oscura de nuestro aparato psíquico.

Sucede que cuando hablamos con pares, amigos, compañeros de trabajo, ellos oyen la verdad vedada por la censura impuesta por la conciencia. Y la conciencia presenta ante el mundo lo que el mundo puede recibir, lo que no será mal visto, lo que es aceptable. Entonces, los consejos o palabras que recibimos de estas personas tan bien intencionadas, y que nos prestan su oído para recibir nuestro dolor, se encuentran con que no hay tal dolor, con que tenemos todo superado, el dolor esta en el pasado, cerrado, o en el otro (generalmente la esposa, este es el mecanismo de proyección), o quizás nos oímos culpando a algo o alguien por la desaparición física de nuestro hijo en lugar de plantearnos como nos afecta la impotencia que sentimos en no haber podido ayudar a este pequeño. No es fácil aceptar para el varón que su propio hijo ha muerto sin que el pudiese hacer nada por ayudarlo. Como rol masculino dentro de la familia, el hombre cuida a cada uno de los miembros de su tribu, les provee alimento, confort y cuidado. Cuando algo tan tremendo como la muerte arrasa con ellos, la impotencia se apodera del jefe de familia, se ven burlados por un enemigo tan implacable como demoledor. Derriba los pilares mas arraigados que cualquier familia posea, la mujer se cae, las creencias son cuestionadas, los pares no nos comprenden…Un huracán en el seno de nuestro hogar y el hombre mudo mirando la caída. Las implicancias psicológicas que esto apareja son innumerables.

Permitirle al hombre ser conciente de su dolor, mostrarlo, vivirlo, elaborarlo y transitarlo debe ser la tarea principal del acompañamiento terapéutico en análisis masculinos del duelo. Como grupo de ayuda a padres en duelo de hijos, ofrecemos este espacio para que comiencen a hablar de esto y se den cuenta que su dolor es igual al de mi compañero y que está bien sentirlo, porque es parte lógica de este camino.

(Este texto es propiedad de su autora y de Era en Abril. Queda prohibida su reproducción total o parcial excepto citando autora y fuente que publica: www.eraenabril.org Grupo de ayuda mutua para padres que han perdido a sus bebés en el embarazo, parto o después de nacer)